23 enero, 2019

Javier Errea presenta el segundo volumen de 'El diario o la vida'


Javier Errea acaba de publicar el segundo volumen del libro ‘El diario o la vida. Una defensa a tiros del periodismo y de los periódicos’. Lo presentó el 31 de enero en la librería Walden de Pamplona, donde habló con Miguel Ángel Barón, decano del Colegio Navarro de Periodistas. El libro está disponible en nuestra tienda.

Javier Errea y Miguel Ángel Barón durante la presentación del libro.

¿Se puede defender a tiros al periodismo? 
Es que creo que, a estas alturas, las cosas o se defienden a tiros o hay poco que hacer. Se habla mucho de dialogar, de pactar, de tender puentes… Y yo estoy básicamente de acuerdo. Pero una cosa es estar en modo diálogo sentados en una mesa y otra muy distinta salir a la calle y capear el temporal. No es tiempo para tibios. Ahí afuera el periodismo necesita llaneros solitarios que resuelvan con coraje, cueste lo que cueste, no buenas palabras. 

¿Para qué sirve un periódico?
Un periódico sirve para disparar… Y también para no disparar. Es broma. No, un diario no sirve para generar alarma ni despertar bajas pasiones. Un periódico puede levantar ampollas, claro, y debe hacerlo, porque un periódico acomodado o adormecido es veneno. Pero no es gritar por gritar ni para llamar estérilmente la atención. Un diario sirve para ayudar a construir sociedades democráticas adultas. Casi nada. Y para otorgar a la palabra, al lenguaje, su valor infinito.

¿Necesita el periodismo a los periódicos? 
Yo diría que los periódicos necesitan periodismo. Del bueno. Del que escuece. Del que informa. Del que da contexto. Y olvidarse de ese soft-journalism que nos ha hecho polvo. Nada hay peor que los periodistas que dicen que los periódicos ya no sirven para informarse. Esa es una excusa como una catedral.

¿Hace falta estar en una redacción para hacer periodismo?
Hace falta estar integrado en una organización periodística, formar parte de una marca. Un periodista por sí mismo no es una marca. Yo creo en el valor de las marcas, en las escuelas periodísticas, en el prestigio construido durante años por generaciones de profesionales que van dejando un poso. No es lo mismo un periodismo de arribistas o charlatanes que un periodismo verdaderamente profesional, que es el que hace falta y el único que sobrevivirá.

¿Qué referencias periodísticas tiene Javier Errea?
Siempre digo que el diario preferido de uno es el que lee porque de los demás sólo se sabe de oídas. Es muy fácil contestar que The New York Times, por ejemplo, o que The Guardian. Pues no: mis diarios favoritos, mis referencias, son los diarios de mi rincón, en mi cocina, donde me aguardan pacientes, no importa si el mismo día o al día siguiente. Me gusta y leo a diario El País. Busco a Ángeles Espinosa, a Enric González, a Juan Cruz, a Javier Rodríguez Marcos, a Carlos Boyero, a Ramón Besa, a Diego Torres, a Carlos Arribas. Y a Leila Guerriero, a Fernando Savater… Cada uno tiene los suyos, ¿no? Aprendo todo el tiempo de ellos. Leo también los diarios de casa. Me gustaría que me gustaran más. Pienso que por ahí hay algo pendiente: la revolución de la prensa local, salir de los estrechos márgenes de lo que en un tiempo fueron los diarios de cercanía. Creo que ya no sirven tal y como están planteados. De fuera, me gusta La Nación de Buenos Aires, por su contenido y por su diseño sereno y majestuoso. Lo coges y te entran ganas de leer. En sus páginas leo a Hugo Alconada Mon, a Diego Cabot, a Jorge Fernández Díaz… Disfruto con el equipo de infografía y data de Pablo Loscri. Además, procuro estar atento al panorama de revistas independientes de Londres, y no sólo ni principalmente por su diseño sino porque bullen ideas y proyectos editoriales fascinantes. Quién sabe si algún día… Ahora mismo estoy leyendo a Mark Strand, un poeta inquietante, a Sergio del Molino, antiguo colega en Heraldo que se ha destapado, a Carrere, que es como un puñetazo siempre en la mandíbula. Compagino lecturas. ¿Diseñadores? Mark Porter es la maravillosa consistencia; Rodrigo Sánchez es el genio; Lucie Lacava, la exquisitez; Mario García, el mito; Gail Bichler, la luna; Francesco Franchi, el más diseñador… Pero me gustaría destacar lo que está haciendo Diego Areso en El País. A la chita callando. Y lo que hace Sónia Matos en Público, en Lisboa. 

¿En qué proyecto te gustaría estar trabajando?
En el lanzamiento de mi propio periódico.

¿Qué hace falta para que vuelvas a errear?
¿A errear o a berrear? No, en serio, no tengo previsto volver… de momento. Las cosas tienen su tiempo. Me parece que es bueno cerrar etapas. Dije lo que creía que tenía que decir durante cinco años. Ahora llega el tiempo de construir.

Cierra el blog con una cita de Ursula K. Le Guin: “Escuchar es un acto de comunidad que requiere un lugar, un tiempo y silencio. Leer es una manera de escuchar”. ¿Qué has escuchado?
De momento, apenas he percibido sonidos lejanos e imperceptibles. Estoy en ello. Quiero escuchar. Estoy empeñado en aprender. Eso, para alguien como yo, es realmente difícil. Pero intuyo que el camino es en esa dirección.


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